VODER: La primera voz electrónica.
En 1939, el público de la Feria Mundial de Nueva York fue testigo de una innovación sin precedentes: Una máquina capaz de hablar sin cuerdas vocales humanas. Se trataba del Voder (Voice Operating Demonstrator), el primer sintetizador de voz electrónica, desarrollado por Homer Dudley en los laboratorios Bell.
A diferencia del Vocoder, que analizaba y codificaba la voz humana, el Voder generaba sonidos desde cero. Mediante un teclado de 15 teclas, una barra y un pedal, los operadores—en su mayoría mujeres entrenadas durante meses—manipulaban zumbidos y ruidos para formar palabras y frases completas. El resultado era una voz robótica pero reconocible, capaz de saludar al público o imitar sonidos como el de un pato o una sirena.
El Voder no solo fue una proeza técnica, sino también un espectáculo.
Su presentación en la Feria Mundial, a cargo de la operadora Helen Harper, asombró a miles de asistentes y marcó un hito en la historia de la síntesis de voz.
Aunque su uso fue principalmente demostrativo, el legado del Voder perdura en tecnologías actuales como los asistentes virtuales (IA) y los sintetizadores de voz, siendo un precursor de la interacción humano-máquina que hoy es parte de nuestra vida cotidiana.

Aunque su uso fue principalmente demostrativo, el legado del Voder perdura hasta hoy. Su arquitectura de generación sonora por control manual anticipó principios clave que más tarde serían desarrollados en los sintetizadores analógicos y digitales. Conceptos como la modulación de forma de onda, el control gestual de parámetros de sonido y la síntesis por componentes básicos (ruido, tono, filtros) son pilares fundamentales en la música electrónica contemporánea.
Así, el Voder no solo dio voz a las máquinas, sino que también puso los cimientos para décadas de innovación sonora.